Minientrada 30 Nov

No pegues tu chile!

 ¿Suena interesante el título no?… Tal vez tú eres uno de esos fanáticos del chicle, o simplemente te gusta siempre traer algo en la boca, pero.. ¿nunca te has preguntado que le sucede cuando lo tiras en el piso o porque sabe así, o simplemente porque hay tantos sabores?  Bueno aunque no lo creas hay una explicación para todo esto, y más datos curiosos acerca del chicle, así también, de cómo este a pesar de su pequeño tamaño, se ha convertido en estos últimos años en una plaga contaminante la cual en México sigue extendiéndose afectando a muchas de nuestras zonas de bosques.  El artículo el cual voy a compartirles, en lo particular me pareció muy atractivo debido a que me encantan y disfruto estos productos.  Además de que nos explica varias cosas acerca de cómo es que llegamos a consumir el chicle actual.

                                                   

* Muy pocos saben  que es aquí en México,donde nace el término y donde existe la materia prima para  hacerlos.

* Se dice que el general Santa Anna  entre sus muchas actividades en el país fué el que introdujo a los estadounidense en el hoy extraordinario negocio del chicle es por eso que hoy masticamos Chiclets Adams y no Chiclets Santa Anna.

*Y aunque  no aparezca como tal en algún vestigio de la historia de México, las comunidades  mayas son las propietarias  de la “denominación  de origen” del chicle, término que solo debería usarse para nombrar a la  goma obtenida  del látex que se extrae  del árbol =Chicozapote= (Manikara zapota), producida en los Bosques tropicales de la Península de Yucatán (Belice y el norte de Guatemala). Todo lo demás  debería llamarse goma de mascar.

                                                         

A principio del siglo XX se creó la 1° fábrica de chicles “Adam Chewing Gum” la cual produjo  chicles con resina de chicozapote. El 95% de la producción se exportaba  a los EU  y solo  en el Estado  de Campeche, 2 compañías controlaban 800 mil hectáreas de bosques dedicadas al chicle. Como vemos hasta en este ámbito los extranjeros siempre han tratado  de explotar a los mexicanos para poderse llevar lo mejor y dejarnos lo último.

A mediados del siglo, la tecnología alcanzó al producto natural y a el acetato de polivinilo (gomas que se obtienen mediante procesos similares a los que se usan para producir plásticos) que dió lugar a la “goma de mascar” que hoy se mastica  en todo el mundo, pero que en México, erróneamente,  seguimos llamando chicle.

Durante muchos años se ha tenido la necesidad de llevarse a la boca diferentes cosas, por lo que esto se ha resuelto  utilizando distintos objetos, como plantas, hojas, frutas, huesos, etc.; Con el fin de tranquilizarse, de liberar una fuerte tensión, de mantenerse distraído, de cambiar  el sabor de la boca, o cualquier otro efecto que consciente o inconsciente  buscamos cuando nos metemos algo a la boca para mantenerlo ahí por un buen tiempo.

Recientemente Minoru Onozuka y su equipo, de la Universidad de Gifu, en Japón,  encontraron que al masticar chicle aumenta la actividad cerebral, específicamente del hipocampo, región del cerebro relacionada con la memoria y el aprendizaje. Si bien aún no han descifrado el mecanismo, suponen que es probable que al masticar se reduzca el nivel de estrés.

Para demostrarlo usaron ratas entrenadas de las cuales les quitaron las molares (pero no los dientes) para que pudieran comer pero no masticar. Al envejecer, las ratas tardaban un poco más en encontrar la salida del laberinto, pero als que no masticaban chicle lo olvidaban por completo. Cuando se sacrificaron, se observó que las células del hipocampo de las ratas que no masticaron chicle mostraban un mayor deterioro que las ratas chicleras(término utilizado por los científicos quienes realizaron el experimento).

Asi que no olvides llevar un chicle a tu exámen

Una de las primeras evidencias del mascado de algún material con fines no alimenticios se publicó en la Revista Nature hace unos años. El descubrimiento se hizo en un pantano en la ciudad de Bokeburg , Suecia. Se trataba de un trozo de goma obtenida de la corteza del abedul, que tenía marcas de dientes.  Eran dientes pequeños  que los investigadores llegaron a identificar como pertenecientes a adolescentes, que masticaron el trozo de goma hace 6500 años.No se puede afirmar que la usaran para masticar por placer, y cabe cualquier especulación, como el que la usaran para sacarse los dientes de leche.

Una  forma primitiva de la actual goma de mascar, es el “mastique” , se trata de un arbusto (Pistacia Lentiscas)  de cuyos tallos se extrae una resina que hasta la fecha se sigue masticando, sobre todo en Grecia. Un antecesor del chicle fue la goma hecha con resina de Abeto en Norteamérica y que dió lugar a la producción industrial de la primera goma de mascar, a principios del siglo XIX.  La parafina, derivada del petróleo es el antecesor directo del chicle en EUA.

           LOS SECRETOS DEL CHICLE.

Los expertos  consultados coinciden en que la calidad de la goma de mascar, la suavidad de la textura, lo uniforme de la mordida, incluso  la duración del sabor, radica en la goma base. Esta constituye  solo un 20% de la masa del producto  terminado (el azúcar es el ingrediente principal con un 60% de su peso). La glucosa se agrega al 18% y mantiene la humedad del producto (seco se pone duro).

Hoy en día toda la goma de mascar que consumimos es goma sintética elaborada por ciertas compañías para las fábricas productoras, las cuales se encargan de darle forma, color y sabor. La composición de la goma base es el principal secreto de los productores, y a pesar de que se sabe que está constituida por acetato de polivinilo y otras gomas, se ignora cuáles y en qué proporción se encuentran.

Algunas compañías usan resinas como agente ablandador, entre ellas la que se obtiene de la madera de troncos de pino cortados en el sur de los EUA.

Hoy en día para seleccionar un chicle ya no es importante su textura si no su sabor, entre los cuales los más populares son los que vienen de algún extracto de planta como la menta , aunque existe una gran variedad.

                         

Ell chicle sin azúcar y con edulcorantes de bajo contenido calórico como es el aspartame, es hoy el más solicitado ocupando entre 40 y 60% del mercado, dependiendo del país. El chicle se ha vuelto también un método para refrescar el aliento. Esto es gracias al descubrimiento de 2 sustancias: el sorbitol y el xilitol, que necesitan calor para disolverse en la saliva. Al absorberse calor de la boca provocan la sensación de frescura.

Existen ahora algunos chicles llamados “chicles funcionales” que por ejemplo son hechos de nicotina para quien quiere dejar de fumar, de cafeína para los que buscan el estímulo de esa sustancia, inhibidores de apetito  para quien quiere dejar de comer ó afrodisiacos para los que eso buscan.

             Chicle sustentable, 100% natural

De acuerdo con los investigadores José Sarukhán  y Jorge Larson, estudiosos de la biodiversidad, el chicozapote, el árbol del chicle, es fundamental para la conservación de los bosques y de la fauna tropical maya por la densidad de su distribución  y por sus frutos, que alimentan a aves y mamíferos. Estos investigadores señalan que la extracción selectiva no afecta notablemente la diversidad de la selva.

El reto de conservar la biodiversidad biológica y al mismo tiempo permitir  el desarrollo de las comunidades mediante el uso sustentable  de la selva, es complejo, debido a que las formas de tenencia  de la tierra, la organización social y los esquemas de manejo difieren entre los países involucrados  en la explotación del chicle (México, Guatemala y Belice).

El precio de la materia prima es uno de los principales problemas debido a que el mercado está dominado por los compradores del chicle, lo que les permite negociar  y bajar su precio, que es más del doble que el de la goma sintética.

Un proyecto para mejorar y conservar el ambiente incluye que los compradores adictos al chicle estén dispuestos a pagar uno natural, más caro, tomando en cuenta y reconociendo su valor ambiental, social y cultural.

Se han propuesto por lo tanto algunos planes con los cuales se puede  mejorar el tratamiento que se le da a estos recursos naturales, y   a su vez atractivo económicamente, para los productores , quienes  extraen la materia prima  para utilizarla para hacer el chicle. Por ejemplo el siguiente:

  • A través de un proyecto que se inicia en 1992  denominado Plan Piloto Chiclero (PPCh), el cual tiene como objetivo: rescatar las cooperativas como unidad de producción, promover su organización administrativa y lograr que cada cooperativa contratara la venta  del chicle por su cuenta. El planteamiento contó con el aval personal del secretario de la Secretaria de Desarrollo Social Federal (SEDESOL).

En temporada de lluvias, unos 5000 productores en Quintana Roo y Campeche , asociados en cooperativas, aprovechan los más de 80 millones  árboles en la gran selva del Peten; pican los arboles con machete haciendo incisiones en V y dejan escurrir el látex hasta la base  del árbol; en esa zona se recolectan 3000 toneladas al año.

Un árbol picado no puede volver a dar látex hasta que haya cicatrizado, lo que requiere hasta 8 años. Después de haber obtenido el látex  lo utilizan para llevar a cabo un proceso y distribuirlo. Los machetes, el trepar árboles que miden 30 m o más, son fuente de accidentes  frecuentes entre los chicleros. Están  además propensos  a la Leishmaniasis que en México se conoce como la “úlcera del chiclero” y afecta principalmente a leñadores y recolectores.

La provoca un protozoario flagelado que se transmite por picaduras de mosquito y causa laceraciones en la piel.

Finalmente se requiere de industriales modernos, con visión  ecológica y social que lleven tecnología a estas regiones para evitar el abuso de los intermediarios.(opinión del autor). 

La solución: La toma de conciencia y la organización social. Debemos tomar conciencia de que al comprar un chicle y pagarlo un poco más caro estamos contribuyendo  a la conservación de la selva maya. Y se está devolviendo un poco de lo mucho que la naturaleza nos brinda. La goma sintética ha permitido que millones de consumidores puedan mascar a precios accesibles. El cuidado del medio ambiente conlleva la decisión de mascar chicle solo en ocasiones especiales.

Plaga contaminante

En México se ha acostumbrado a los pequeños, desde hace muchos años que cuando se terminan un chicle, simplemente lo tiran a la calle, o se pega en algún lugar recóndito donde nadie lo vea, sin saber que este tiene la característica de no ser biodegradable.

En Granada, España, hace un par de años, una brigada de jóvenes decidió limpiar el centro de la ciudad; encontraron entre 5 -15 chicles por m2

En el Reino Unido se estima que el costo anual para eliminar los chicles de calles, plazas y monumentos es de 150 millones de libras esterlinas. En este país se realizan intensas campañas contra quienes arrojan el chicle  en cualquier parte. Además de aplicar multas elevadas se ha sugerido crear un impuesto que cubra los costos de recolección.

El Departamento para el Ambiente, Asuntos Rurales y Alimentarias del Reino Unido (DEFRA) por sus siglas en inglés. Ha emitido un documento relativo a políticas sobre disposición de chiles. *http://www.parliament.uk/documents/post/pn201.pdf (aquí se puede consultar)

En México da la impresión de que éste nos es un problema debido a que no estamos valorando todo el proceso que conlleva  llevarnos un pequeño chicle a la boca, así como de su valor ecológico al no concientizarnos  de que cuando lo desechamos en un lugar indebido, estamos contaminando, debido a que el chicle no es biodegradable.

Los estadounidenses, por ejemplo deben disponer de un promedio de 300 gomas de mascar por cápita al año y cuentan con más de 1000 marcas, con las que se obtienen 2000 millones de doláres en ventas.

¿Qué hacer con esta plaga contaminante no biodegradable?

La primera opción es tomar conciencia, o bien, prohibir su consumo, como sucedió en Singapur, donde estuvo prohibido vender chicles desde 1992 hasta 2002.

Otra opción es la sugerida en Londres donde se ponen carteles de celebridades y solicitan a los transeúntes que en vez de tirar el chicle en suelo lo pequen sobre su estrella favorita.

Un camino prometedor es el de la Universidad  de Manchester y la Compañía Green Biologics, las cuales intentan desarrollar una enzima (es decir, un catalizador de naturaleza proteína) que al aplicarse sobre el chicle, lo degrade.

Finalmente la mejor opción es la que se describe en la patente otorgada en 1996 a Scott Hartman, de la compañía Wrigley, quien diseñó una goma biodegradable, fácil de desprender de cualquier superficie  y que se puede tragar, ya que es digerible.

Este invento puede modificarse para que la goma se disuelva en la boca después de un rato de mascarla.

Opinión del autor.

Estas maravillas se logran con base en una proteína elástica, con un alto contenido de valina-prolina y de glicina-valina-glicina  en su estructura: tres de los 20 aminoácidos a partir de los cuales se forman las proteínas.

Estos aminoácidos abundan  en las proteínas de estructura, como el colágeno (la piel) –glicina y prolina- o la seda-alanina y glicina-.

Tal vez en el futuro terminaremos masticando proteínas y no chicles

Bibliografía

Revista ¿Cómo ves? Año 7.No 81 Revista de Divulgación Cientifica.UNAM.México 2005. “Chicle el placer de mascar y un prblema ambiental” Autor.Agustín López Munguía

María Madai Rojano Aguirre  607

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